Me gustaría reflexionar sobre cómo el Facility Management puede llegar a ser una actividad que, aparte de garantizar ahorros en la fase de explotación de un edificio (que a estas alturas me parece que ya estamos todos convencidos), también debe trasladar su experiencia y el Know-How de su compañía al proyecto ejecutivo de un nuevo edificio o gran reforma y, en definitiva, situar un producto competitivo en el mercado inmobiliario.

La finalidad de esta participación queda establecida en dos claros objetivos que, a mi entender, son los siguientes:

  1. Objetivos a corto plazo: posicionar nuestro edificio en el mercado a un precio competitivo y diferenciador.
  2. Objetivos a medio y largo plazo: ahorro energético y coste reducido de explotación.

No obstante, todo este proceso difícilmente será posible si el Facility Management no está presente en las diferentes etapas del proceso de gestación del futuro edificio y que relaciono a continuación:

  • Definición de requerimientos.
  • Diseño.
  • Fabricación y transporte de materiales.
  • Construcción y recepción del edificio.
  • Explotación, funcionamiento y mantenimiento del edificio.
  • Reformas.
  • Final de vida útil del edificio (demolición, reciclaje).

Pero, para entenderlo mejor, vamos a presentar a modo de ejemplo un caso real.

Se trata de un edificio de oficinas de 17.000 m2 de superficie sobre rasante en zona prime de Madrid, que se reformó íntegramente y en el que participamos como Facility Manager en la fase de diseño y construcción, con la finalidad de integrar en el proyecto de rehabilitación todas las necesidades que nuestro cliente o la propia compañía necesite en un futuro.

El primer escollo que nos encontramos es que el colectivo de técnicos del proyecto (ingeniería, estudio de arquitectura, Project Manager, etc.) interpretan nuestra intervención como si de un adversario se tratara, que únicamente se dedica a reivindicar costosas mejoras del proyecto o cambios en fase de obra sin entender que nuestra intervención aportará importantes ahorros en la posterior explotación del activo y, en consecuencia, el coste global de toda la operación será mucho más eficiente.

Pero, también es cierto que conforme avanza la obra todos los integrantes de la rehabilitación del edificio van asumiendo que nuestra figura es imprescindible en el engranaje del proceso, favoreciendo que su labor finalmente se vea potenciada e incluso ahorrando horas de trabajo.

De esta forma, la intervención de la figura del Facility Manager desde el principio del proceso, participando en la selección del edificio o local de oficinas y definiendo correctamente todos estos requerimientos, permitirá una labor posterior de implantación mucho más sencilla, económica y rápida.

En resumen, incorporar desde la fase inicial de la obra o proyecto estos requerimientos permitirá que nuestros edificios y oficinas sean mucho más eficientes y estén más preparados para dar respuesta a las necesidades de nuestros compañeros o potenciales clientes. Con esta estrategia, siempre será más fácil diferenciar estos activos de la competencia y mejorar la comercialización de los mismos.

Fuente: http://www.facilitymanagementservices.es

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