El resto de las viviendas, en su mayoría, son anteriores a 2006, cuando por primera vez se adoptaron medidas de eficiencia energética estrictas en la construcción de los edificios (R.D. 314/2006). Por tanto, es evidente que más de un 80% de las viviendas que constituyen el parque actual se caracterizan por prestaciones energéticas bajas. Esta ineficiencia energética del sector residencial español se puede traducir en un consumo energético del hogar medio de 9.900 Kwh/año.

Para revertir esta situación y parar el despilfarro de energía y de recursos de las familias españolas y de España, que es un país con una dependencia energética de los combustibles fósiles de un 74%, y para mejorar la calidad de vida en numerosos hogares que enfrentan problemas de pobreza energética, es imprescindible activar cuanto antes el sector de la rehabilitación energética de los edificios. En concreto, desde WWF proponemos realizar intervenciones energéticas integradas que tengan el potencial de ahorrar más del 80% de la energía consumida en un edificio, lo que significa que, después de la rehabilitación un hogar medio, puede llegar a consumir unos 1.988 Kwh/año o menos, mientras las emisiones de CO2 también disminuyen proporcionalmente.

Medidas pasivas y activas

Las intervenciones integradas son aquellas que combinan tanto medidas pasivas como medidas activas. Las medidas pasivas se integran en la arquitectura de un edificio sin la necesidad de ningún tipo de energía para asegurar su funcionamiento. Dichas medidas incluyen la instalación de aislamiento térmico (o la mejora del existente) en las fachadas, la cubierta y el suelo, así como la instalación de ventanas eficientes (p.ej. ventanas con rotura de puente térmico y doble cristal), la instalación de elementos de sombreado (toldos, parasoles, persianas, conductos solares, etc.) y la mejora de la ventilación natural del edificio. Estas medidas actúan directamente en la reducción de la demanda energética de un edificio, que es la energía útil necesaria que tendrían que proporcionar los sistemas técnicos para mantener en el interior del edificio unas condiciones de confort definidas reglamentariamente. Según las características de un edificio, como la tipología (p.ej. edificio adosado, en bloque, unifamiliar, plurifamiliar, etc.), la orientación y los elementos constructivos y, según las características climáticas y microclimáticas del área donde está ubicado el mismo, las intervenciones pasivas pueden conseguir una reducción de la demanda energética de hasta un 75%.

Cuando se cubre el potencial de reducción de la demanda energética con medidas pasivas, entonces se pueden implementar medidas activas para la gestión de la nueva demanda de un edificio, lo más eficientemente posible. En este sentido se puede intervenir en las instalaciones de calefacción y refrigeración, aislando o bien cambiando las calderas por otras más eficientes que puedan utilizar energías renovables como combustible y que ofrezcan un servicio centralizado. Esta intervención puede lograr un ahorro de hasta un 20% del consumo energético. Además, se puede intervenir en los sistemas de producción de Agua Caliente Sanitaria (ACS), instalando sistemas que utilizan la energía solar, a través de paneles solares térmicos, aprovechando la energía térmica del sol para calentar el agua. Estos sistemas pueden conseguir un ahorro medio del 10% del consumo energético del edificio.

Por otra parte, se puede reducir el consumo eléctrico, a través del cambio de los elementos de iluminación por otros más eficientes, como por ejemplo la instalación de lámparas de tecnología LED, la instalación de detectores de presencia o temporizadores de encendido en las zonas comunes del edificio y el cambio de los equipos eléctricos y electrónicos, como por ejemplo los electrodomésticos o los equipos ofimáticos, por otros más eficientes. Es importante destacar que un frigorífico de categoría A+++ puede ahorrar hasta un 60% de la energía que consumiría uno de categoría A. La energía necesaria para el funcionamiento de todos los equipos eléctricos debería producirse a nivel local a través de la instalación de paneles solares fotovoltaicos u otras fuentes renovables (p.ej. minieólica), con sistemas de autogeneración y autoconsumo. Lamentablemente, en España todavía no se permite la autogeneración y el autoconsumo de electricidad y el Real Decreto que se está preparando en estos momentos más bien castiga este tipo de instalaciones a través de la imposición de peajes que hacen su implantación inviable.

Por último, pero no menos importante, es imprescindible que los usuarios del edificio se conciencien sobre la importancia que tiene el cambio de los hábitos energéticos y la consecución de lo que se denomina ‘cultura energética’, que supone un uso más racional y consciente de la energía. Sin este cambio, todas las intervenciones energéticas tendrán un impacto reducido con respecto a la disminución del consumo energético y, por tanto, de las emisiones de CO2 y de los costes energéticos de los hogares españoles.

Fuente:

http://www.facilitymanagementservices.es

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